A seis metros del sielo

A mis pasos, las aceras colmadas de zorros cruentos tornáronse de pronto brazos demenciales de un gigante en penumbras cuyas hebras erizadas hasta los segundos pisos de las jirafas deslucidas, casi transparentes, irradiando escenas aisladas echaban lumbre como sendas de un ritual al camino que los pasos míos confirmaran. Entre las dos extremidades peludas, un desfile infernal de chimpancés gimiendo como chanchos que ignoran sus genes de cabra, animaba una pausa colorada bajo el chupetín menguante de las lechuzas detrás de los rumiantes verticales.

La confusión en mí se resolvió cuando un viejo huesudo que buceaba enfrente mío sin aviso me increpara, mientras corregía con sus manos la orientación de un sombrero de papel de diario sobre su cabeza como si esa brújula enmarañada entre las canas guiase sus ideas:

—Usted es un mamífero cachivache que nada escarbando con sus alas el lodo, y se irrita, mostrando sus garras, cuando observa desprevenido el mundo profano. Camine y no cuestione.

—Claro... Si no es molestia, ¿me permite usted leer el pirulo de su parietal izquierdo?

3 comentario/s:

la avispa sin alas dijo...

Qué bueno! Me gusta. Es distinto a todo lo otro que pusiste acá. O al menos a lo que yo leí. Más desordenado y cargado para mí, en el buen sentido de ambas palabras. Seguí poniendo cosas que está bueno leerte. Saludos!!!

numaleon dijo...

Me encuentro ante ciertas puertas de la percepción que no había descubierto.
Me hace acordar a ciertos paseos.

Esteban dijo...

Hace mucho que no escribe nada, y se que su mente es un pozo inagotable de creatividad....deleitenos con algo, aunque sea un apetaiser.

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