Sobre el Personaje Inaceptable

Durante largos meses de escritura, tozudo me negué a prestar mi atención a tal indómito personaje. Sin embargo, en la página 33 la novela se volvió insostenible.

Desde el prólogo se pasea a través de las hojas con total desdén hacia la integridad de la obra: como un loco se aparece dando brincos hacia atrás entre los diálogos, deja caer saliva sobre la yema de sus índices y moja irascible los oídos de los protagonistas. Luego huye. Desaparece.

¿Acaso quién es capaz de concretar una obra maestra, la novela por uno tan lucubrada, y ansiada por aquellos que uno cree interesados y se les interesa premeditadamente con promesas que prolongan la espera y construyen otra novela en derredor de la celebérrima ausencia, habiendo de congeniar con el acontecer subversivo de un maniático y parlanchín?Es necio: insiste en que es hijo único, aun habiéndolo consentido hojas atrás con un capítulo íntegro en el que sus pares, a través de una serie de soliloquios y diálogos desvelan con suspenso su persona, como la silueta enigmática de un cuerpo a oscuras; una y otra vez, lo apelan mediante los vocativos “hermano” o “tío”. Su nombre crece y acapara el argumento de la novela al ritmo de las pormenorizadas descripciones. Pero, que si no es por esto, es por aquello. Estornuda. En plena primavera estornuda y confunde enfrente suyo a la Dama Que Aguarda Rubicunda Con Los Labios Húmedos La Declaración De Amor. Ahora, desconcertada, con el rostro rociado de bacterias la dama se aqueja y alborota a los demás que aguardan su párrafo, sentados en el cordón de la calle. La dama pone en duda mi autoridad. Y todo por aquel conspirador sintagmático. ¿Qué es lo que pretende? ¿Acaso tomar el timón de la narración? ¡De ninguna manera! Yo soy el autor.

Mi única defensa, el único instrumento con que cuento para rastrearlo en la sintaxis, es su cruz pronominal: Roque Gómez. Los personajes de la novela lo conocen por su nombre y su apellido; muchos han compartido junto a él otros relatos marginales. Ellos me llevarán a él. No podrá despojarse de su nombre. Al oírlo de mi boca entre signos de interrogación ellos no podrán hacerse los desentendidos. Caso contrario, deberán prestar declaratoria ante la Justicia: todos están debidamente asentados en los registros de la Dirección Nacional del Derecho de Autor (ante una obra de la envergadura de ésta, siempre es aconsejable registrarla parcialmente a medida que se avanza con su escritura. Así, uno evita que su editor de poca confianza escriba una obra gemela y cause un clima de histeria entre los personajes; usted no se imagina lo muy celosos que son).

No podrá eludirme. Aun persistiendo con el sistemático parafraseo de autores y personajes que terminara por colmar mi paciencia. Sí. Desde la página 33 imita sus humores, exalta las flaquezas, los ridiculiza, y se apropia de sus idoneidades. (Y vaya que logra despistar el maldito.) Estará divirtiéndose un poco, solía convencerme a mí mismo. Mas, luego de acechantes lecturas (¡yo, Autor, leyendo a mi propio personaje!) deduje que tales manifestaciones obsesivas y gratificantes de no-ser pretenden no sólo volverlo invisible a mi pluma sino también incitar a que me expulsen de la Literatura. No señor.

Lector en germen, Personaje Inaceptable altera su destino, el destino que le concedí, y compromete el derrotero de sus pares. Le advierto. No para que enfurezca, aguarde. Su lectura no quedará inconclusa. (A menos que usted lo desee así, esquivo a la gran literatura.) El contrato firmado con el sello editorial no me lo permitirá. Mi figura de Autor, tampoco. Con la pila de borradores bajo el hombro y su única certidumbre existencial, su pronombre personal, me dirigiré inmediatamente al gremio de personajes a asentar la denuncia; y a reclamar, luego, la conciliación obligatoria ante el ministerio de Trabajo. Allí espero comprenderán a un escritor vapuleado por su propia sintaxis. Lector pendiente, usted tendrá su novela. Cuento con todas las tributaciones al día.

Aunque, quizás, esta batahola semántica podría resolverse extirpándolo de la trama. Sí. De hecho, evitaría unos cuantos laberintos burocráticos. Pero la novela lo necesita. Él lo sabe.

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Experimento nº 4: la perfidia del Autor

Habré transitado para cuando el punto, la vigilia se avecine, o, más aún, para cuando lea usted estas palabras de autor, un estallido de gracia o un subensueño en el que Ella al fin me recorra como una enredadera, y la asfixia lo eternice. No a usted, lector, sino al estallido. O subensueño que, luego, como ensueño se frisa, negro: impreciso y saturado. El prefijo se irá con usted hacia otra lectura. En tanto que el Autor permanece atrapado en su propio engaño. Se congela. (Aunque cubierto. De Ella.)

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A seis metros del sielo

A mis pasos, las aceras colmadas de zorros cruentos tornáronse de pronto brazos demenciales de un gigante en penumbras cuyas hebras erizadas hasta los segundos pisos de las jirafas deslucidas, casi transparentes, irradiando escenas aisladas echaban lumbre como sendas de un ritual al camino que los pasos míos confirmaran. Entre las dos extremidades peludas, un desfile infernal de chimpancés gimiendo como chanchos que ignoran sus genes de cabra, animaba una pausa colorada bajo el chupetín menguante de las lechuzas detrás de los rumiantes verticales.

La confusión en mí se resolvió cuando un viejo huesudo que buceaba enfrente mío sin aviso me increpara, mientras corregía con sus manos la orientación de un sombrero de papel de diario sobre su cabeza como si esa brújula enmarañada entre las canas guiase sus ideas:

—Usted es un mamífero cachivache que nada escarbando con sus alas el lodo, y se irrita, mostrando sus garras, cuando observa desprevenido el mundo profano. Camine y no cuestione.

—Claro... Si no es molestia, ¿me permite usted leer el pirulo de su parietal izquierdo?

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Cadavre exquis

Falta de ideas, vagancia, clemencia... El hecho es que queda abierta la convocatoria a participar de este Cadáver Exquisito (o pseudo cadáver, debido a las restricciones del medio: irremediablemente, cada participante leerá el aporte de su predecesor).

Aquí va el fragmento inaugural:



"Sumergidos entre mapas y cronómetros, Raúl y yo vivimos siete días de agobiante concentración y planificación. Hoy es el día clave."



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El Cadáver Exquisito es una técnica usada por los surrealistas en 1925, y se basa en un viejo juego de mesa llamado "consecuencias" en el cual los jugadores escribían por turno en una hoja de papel, la doblaban para cubrir parte de la escritura, y después la pasaban al siguiente jugador para otra colaboración. (Fuente: Wikipedia)

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